66. ¿Aún amas al padre de tu hijo?
POV ABBY DE LA VEGA
Llevo diez días sin moverme de mi cama.
Diez días en los que el mundo parece reducido a estas cuatro paredes, al silencio de mi habitación y al latido incierto que llevo dentro. Durante todo este tiempo, Eduardo Santillana —el médico que me atiende— ha venido a verme cada día, sin fallar ni una sola vez. Según él, es parte de su “atención personalizada” para las futuras madres más bonitas. Así lo dice, con esa mezcla de descaro y ternura que a otros les sonaría impropia, pero que en él resulta sorprendentemente natural.
Al principio, cada comentario suyo me hacía ruborizar. Me hacía sentir expuesta, vulnerable,pues cualquier elogio parecía capaz de desordenar aún más las pocas certezas que me quedaban.
Con el paso de los días aprendí a entender sus intenciones: no trata de incomodarme, sino de arrancarme una sonrisa en medio de esta tormenta que estaba viviendo.
Y, de alguna manera, lo ha conseguido. Ahora me sorprendo respondiéndole con más serenidad, con