SE ACABO MARCOS.
Marcos se derrumbó ante aquella noticia. Sus grandes piernas se doblaron, quedando de rodillas en el suelo. Su pecho ardía como si ácido hubiera sido derramado por dentro. Su corazón dolía; sentía que la mano de un gorila lo apretaba y se lo iba arrancando lentamente hasta el punto de asfixiarlo. Se rehusaba a creerlo, se negaba a aceptarlo. Él no asimilaba aquella verdad. No podía aceptar que su bebé, al cual esperó con tanto anhelo, estuviera muerto.
A pesar de estar enojada con su nieto por l