PIDIENDO PERDÓN.
—¿Qué cosa? —se acercó sin perder el contacto visual—. ¿Qué todavía te amo? —sus dedos subieron por el brazo izquierdo de su esposo—. Eso no es un secreto para ti —llegaron hasta el hombro, continuaron por la clavícula y pasaron por el cuello hasta llegar a los labios.
Al llegar ahí, trazó líneas y acercó su rostro, abrió su boca y mordió la barbilla de Marcos. Este se quejó y, con los párpados caídos, la observaba desde arriba.
Ella le sonrió y, mientras lo hacía, deslizó una de sus manos p