ABRIENDO LOS OJOS.
—Maite era un ángel, pura y tierna. Pasamos muchos momentos juntos, incluso yo y Albert —la anciana suspiró y continuó—. Era un hombre maravilloso.
Alex se quedó admirado al escuchar a la anciana hablar de su padre. Era como si se estuvieran refiriendo a dos hombres totalmente diferentes, ya que el Albert que él recordaba era agresivo, frío, malvado y cruel, que golpeaba a su madre sin razón alguna, solo por su gusto.
—¿Y usted? ¿Qué relación tenía con Albert? —preguntó.
La anciana miró a Ale