Pocos días después, Catalina regresaba del trabajo con una sonrisa en sus labios. Para ella era importante ganar al menos una pequeña victoria y lo que se traía entre manos la hacía muy feliz.
Al entrar en la casa, notó que todo estaba silencioso excepto la habitación del segundo piso en la que se alojaba Alessander.
Con cuidado, preparó la fechoría que había traído y luego subió para ver si a su cuñado se le antojaba algo de comer.
La puerta estaba abierta, y al acercarse escuchó música clás