–Si quieres ganar puntos con Ceda, ráscale la frente y háblale –le dijo mientras se marchaba a sacar a Bolivar del establo. Cuando regresó, se alegró de ver que Catalina había conseguido acariciarle el cuello a la yegua.
–Creo que nos vamos entendiendo –anunció ella–. No parece a punto de morderme.
–A mí me parece que se están haciendo buenas amigas tú y ella. ¿No crees?
–Sí. Las dos hemos acordado echarte la culpa a ti si cometo el error de hacer algo que a ella le parezca mal.
–Vaya, ¿po