Alessandro elevó las cejas, y volvió a contemplar a su esposa. Catalina estaba cabizbaja y pálida, mirando con los labios apretados el desastre que acababa de ocurrir.
— De acuerdo. Te ayudaré a encerrar a ese animalejo en el salón, limpiaremos el destrozo en la cocina y regresaremos a dormir.
Ella lo miró a los ojos, de pronto.
— Pero...pero yo...
— Mañana. — la interrumpió él. — es demasiado tarde ahora, mañana llevarás todos esos animales al refugio. ¿ De acuerdo?
Ella asintió y él le di