92. La perspicacia de Valdimir
El corazón de Aelina latía desbocado, como si quisiera escapar de su pecho. Sus ojos, abiertos de par en par, reflejaban el pánico que la invadía. La joven sentía que el aire se le escapaba de los pulmones, incapaz de articular palabra alguna. La revelación de Valdimir la había golpeado con la fuerza de una ola de un par tempestuoso, dejándola paralizada y vulnerable.
El silencio en la habitación era tan pesado y tenso que podía cortarse con un cuchillo, porque Aelina no sabía que decir, y Valdi