54. Confesiones a caballo
La amenaza del Rey Lobo flotó en el aire como una nube oscura, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda de Aelina. En su mente, bailaban imágenes de posibles castigos, cada uno más aterrador que el anterior. La joven se preguntó, con un nudo en el estómago, si alterar constantemente el pasado tendría consecuencias nefastas. Prefería no averiguarlo por experiencia propia.
—No deseo ser castigada... —murmuró Aelina, mordisqueándose el labio inferior en un gesto que delataba su frustración