194. El amor en medio del tiempo detenido
—Ya no hay necesidad de castigarte… —susurró Valdimir en el oído de Aelina mientras la penetraba con fuerza —¿entonces…—se detuvo para tomar aire —…porque te encanta que te aprisione? —murmuró antes de regresar a sus labios, besándolos mientras unía su lengua con la de ella para profundizar aún más el beso.
En ese momento, en el limbo del tiempo detenido donde no existían las horas, los segundos ni minutos, con una de sus manos grandes, Valdimir sostenía con fuerza las dos muñecas de Aelina mien