193. La ingenuidad del Duque Arik
Erik sintió cómo la situación se le escapaba de las manos. Con cada palabra intercambiada, el abismo entre él y estos jóvenes parecía ensancharse. Una voz en su interior le advertía que, si continuaba por ese camino, no tardaría en ganarse enemigos gratuitos, complicando aún más su ya precaria situación.
Respirando hondo, Erik intentó suavizar el ambiente con una respuesta que él consideró prudente:
—En parte, esa también es mi ventaja... —admitió, eligiendo cuidadosamente sus palabras—. Pero no