Los ojos de Blanca se llenaron de una furia implacable.
Durante años, frente a Esteban, había interpretado al pariente cariñoso y tolerante, incluso lo adoraba. A veces ella misma creyó que así era realmente. Pero Esteban no se dejaba conquistar con gestos pequeños: su carácter era frío e implacable.
—¿La familia Ruiz es toda tuya? —exclamó Blanca con la cara enrojecida—. ¡Tienes dos tíos también! ¡Esteban, no seas tan despiadado o tendrás consecuencias!
—Nunca creí en las consecuencias —contes