—Me sentía un poco abrigada —dijo Serena, con un fuerte dolor de cabeza y aún medio ebria, tambaleándose mientras bajaba de la cama—. Voy a darme una ducha.
Sus piernas no la sostuvieron y cayó hacia adelante. Esteban la sostuvo con un brazo, la acompañó hasta el baño y luego regresó a su habitación.
Ted no esperaba que Esteban saliera esa noche. Lo sorprendió verle ahí.
—Señor Esteban, ¿le sirvo un vaso de agua? Ya es tarde y debería descansar temprano —sugirió con cautela.
Esteban dejó su cha