Al día siguiente
Frida estaba por salir, cuando el Arturo la alcanzó.
—Debo pedirte un gran favor.
Ella se detuvo y lo miró bien.
—Ayer llegó muy tarde a dormir.
—Lo siento, encontré a un viejo amigo y me detuve conversando con él.
—¿Qué favor necesita? —cuestionó intrigada
—Podría darle esta nota a la señora Santori.
Los ojos de Frida le miraron curiosos.
—Señor Duarte, debe tener cuidado, no olvides que Alba es una mujer casada
—Con un pusilánime.
—Pero, sigue siendo una mujer casad