Alba llegó a la mansión, caminó hasta entrar por la puerta principal que daba a la casa. Estaba por oscurecer, tuvo la sensación de miedo, sabía que Evan ya habría llegado, y sabría de su ausencia, pensó en como reaccionaría.
Llegó a casa y Marisa la miró asustada.
—¿Dónde estaba, mi niña? ¡El señor está furioso! —exclamó consternada. Alba asintió, se quitó el abrigo y se lo dio, subió a su recámara y Piama se encargó de informar a Evan que su mujer había llegado.
—Ella llegó, pero no dijo na