Alba sonrió y se acercó a ellos.
—¿A dónde ibas, Alba?
Ella parecía dudosa.
—En realidad, a ningún lugar.
—¿Por qué no vienes con nosotros? Iremos a comer, y a pasear.
Ella sonrió, había un aire de libertad en ese par que siempre deseó tener, subió sin pensar y fue con ellos.
Evan terminaba la junta, seguía angustiado, pensando en Alba, no podía incluso si intentaba sacarla de su mente, era como si sospechara que algo estaba mal.
—¿Y que pasará con lo de la señora Echamendi? ¿Acaso dejará