Su silencio fue una larga agonía que duró por lo menos un minuto para todos, y una vida para Evan Santori, pero con dos palabras ella logró disipar su miedo y fue en ese momento que supo que era ella, quien ahora lo hacía feliz.
—Sí, acepto.
Una sonrisa se formó en los labios de Evan.
—Por el poder que se me ha otorgado, los declaro marido y mujer, el hombre puede besar a la novia.
Evan retiró el velo, miró sus ojos, que estaban llorosos, eso lo desconcertó, pero pensó que las novias lloraba