Al llegar a la villa, Marisa abrió ojos enormes, era un lugar hermoso, lujoso, y grande; una gran mansión, en medio de un bosque.
—Lo llaman el bosque negro, por los árboles de ébano, y tiene muchas leyendas que temer, dicen que quien entra al bosque solo sale muerto —dijo Laura, ama de llaves de la gran mansión.
—Como sea es un lugar hermoso.
Raúl estaba en la sala, cuando las mujeres entraron, parecían felices, emocionadas.
—¡Raúl! —exclamó Piama y lo abrazó, la mujer lucía tantas joyas en su