Diego fue al despacho de Jorge, él estaba arreglando unos documentos, pero se detuvo y lo saludó.
—Hola, pasa, ¿cómo está todo?
—Jorge, hay algo de lo que quiero hablarte.
Jorge asintió. Diego tomó asiento delante de èl.
—¿Qué pasa?
—Bueno… Amaranta y yo quisiéramos adoptar a la niña.
Jorge se quedó perplejo ante sus palabras.
—¡¿Qué dices, Diego?! ¿Adoptarla?
—Sí, sabes que Amaranta y yo no podremos tener màs hijos y hemos pensado que cuidarla y criarla sería bueno para nosotros, ¿no lo crees?