—¡¿En adopción?! —Jorge estaba perplejo, mientras Mariza le contaba todo.
Era de noche, y ninguno podía dormir.
—¡Eso no puede ser, Mariza! Es mi sobrina, y aunque odio a Enrique…
—Lo sé, es una bebé inocente, Jorge, no podemos dejar que la envíen a adopción. ¿Y si la adoptamos?
Jorge se quedó perplejo, no hubiese dudado nunca, pero… ahora era tan complicado.
—¿Jorge?
—Sì, la adoptaremos.
Jorge se levantó y fue a la cuna de Helena, que se encontraba cerca de la habitación.
«No quiero que Helena