Amaranta sintió mucha rabia al imaginar a la bebé vulnerable en un lugar desconocido.
—Déjenme hablar con mi tío a solas —sentenció.
Jerónimo la observó, no se negó.
Todos salieron.
Afuera, Mariza preguntó si eso era lo correcto.
—Bueno, mi padre siempre quiso mucho a Amaranta.
—Esperemos que funcione, porque es una locura. La pobre bebé irá a un orfanato mientras esto se resuelve. Será tan triste —dijo Mariza, casi llorando.
Jorge la abrazó para consolarla.
***
Amaranta mirò a su tío, había un