Jerónimo separó a sus hijos.
—¡Por favor, paren! No ven que ahora Mónica nos necesita.
Enrique se alejó de Jorge y corrió hacia Mónica que estaba llevada en la camilla.
Silvia apuntó a Mariza.
—Si dañaste a mi nieto, juro que pagarás por esto.
Mariza no dijo nada, estaba temblando.
—¡Cállate! —gritó Jorge. La mujer no dijo nada y fue con su nuera y su hijo.
Jorge acunó el rostro de su esposa.
—No hagas caso, mi amor, tú no has tenido ninguna culpa en esto, vamos a casa, debes descansar.
—¡No hi