Las manos y boca de Ares definitivamente deberían venir con una advertencia porque cada toque, cara caricia, y eso me hacen rogar por más.
Sé que no debería rendirme ante él.
Pero una cosa es lo que mi cabeza me grita y otra muy diferente lo que mi cuerpo pide.
Su boca entre mis piernas mientras me come con auténtico abandono me hacen arquearme y llevar mis manos a su cabeza para sostenerlo en su lugar como si de eso dependiera la vida.
Mis gemidos hacen eco en las paredes de la habitación con