De pie en la puerta de la habitación que Ares ha dejado miro a la llorosa mujer que está atada a una silla.
Sabía que debía seguir a Ares.
Pero no espere encontrarme con esto.
Me acerco a la mujer y desato la cuerda.
—Gracias —susurra —muchas gracias.
—No me agradezcas —digo en tono seco.
—Ares y yo fuimos pareja hace un tiempo.
No sé qué tiene que ver con que le he liberado, pero supongo que solo quiere aclarar el hecho.
La libero y esta se sorbe la nariz antes de verme.
—Siempre le he querido