—Bien. Tenemos que discutir algunas cosas—murmura Cillian, ya bien entrada la madrugada.
Estamos acostados en la cama después de tener una reconciliación en toda regla. Al terminar la cenar regresamos a la casa. Cillian descansa sobre mi vientre y sus manos acaricias mi enrojecido cuerpo.
—¿Qué hay que hablar? ¿Del hecho, que estoy tonta por darte otra oportunidad? —digo con mofa— ¡Ay! —me quejo cuando me muerde.
—Yo diría que eres muy brillante—dice riendo.
—Habla—demando.
—Hay reglas que