fracaso destitución.
El corazón de Sebastián dolió. Dolió como si mil agujas afiladas y ardientes se clavaran en su órgano vital, perforando cada milímetro de ese músculo que bombeaba sangre incansablemente.
El dolor se extendía como una ponzoña letal por sus arterias, alcanzando cada rincón de su ser, dejándolo sin aliento, sin capacidad para razonar claramente.
Cada palabra que Stella pronunciaba con aquellos labios carmesí que tanto había deseado besar, lo partía en mil pedazos, dejando fragmentos imposibles