Esta vez… nadie la detendría.
Un grito ahogado brotó de su garganta, tan brutal y visceral que pareció desgarrarla desde lo más hondo, como si una fuerza invisible la estuviera arrancando, con violencia, del fondo de un pozo oscuro donde el alma se ahoga y el cuerpo se niega a seguir durmiendo.
—¡Ahhh! —El alarido desgarrador escapó de sus labios justo antes de que se incorporara de golpe en la cama, como si su cuerpo entero respondiera al impulso primitivo de huir, de defenderse, de romper la línea entre lo onírico y lo re