Después de terminar de decir esto, presionó a Julieta contra el suelo y sus altos tacones rojos pisaron su delgada mano.
Julieta sentía dolor. Apretó los dientes, y trató de luchar, pero no podía mover la mano. Dalila se la estaba pisando tan fuerte que con la otra mano tuvo que agarrar el tacón rojo de Dalila.
Dalila había intentado pisotear su otra mano, pero se había detenido cuando estuvo a punto de tropezar con la mano extendida de Julieta. Aun así, el delgado tacón ya había pisoteado la ma