—¡Tú!
—Julieta, no te enojes. No solo no tuve un accidente de coche, sino que tampoco iba a buscar a Leandro ese día. Te tendí una trampa, Julieta. Y seguirás en mi trampa, aunque salgas de esta cárcel.
Agachada, Dalila tiró a Julieta del pelo y se rio horriblemente.
—¿Cómo te sientes? Es malo para ti hoy en día, ¿no?
—¡Dalila, te voy a matar!
Julieta gruñó mientras se defendía de Dalila con todas sus fuerzas. Luego bajó la cabeza y dio un fuerte mordisco en el brazo de Dalila.
—Ay, Julieta ¿er