Julieta negó con la cabeza. Le dolía tanto el corazón que su mente comenzó a divagar. Estiró la mano, fue a tirar de la campera de Leandro, pero, aunque la agarró varias veces no pudo apoderarse de ella.
—No hay nadie más en mi corazón, nunca he amado a nadie más que a ti…
—Julieta, ya he capturado a tu hombre, le he quitado las dos manos y lo ha admitido.
Julieta sintió que su respiración se entrecortaba ante sus palabras, sus pulmones no podían respirar y el dolor era insoportable.
Extendió la