Era tan comprensivo que a Julieta se le humedecieron un poco los ojos. Se preguntó si era así porque no tenía mamá y su corazón se ablandó .
Estiró la mano y frotó la cabeza de Adriel.
—Niño tonto, es sólo una comida, no hay necesidad de ser tan exagerado. —Mientras decía esto le puso su tarjeta en la mano—. Toma mi tarjeta. Si alguna vez necesitas ayuda, búscame; si puedo ayudarte, lo haré.
Con la mirada perdida, Adriel se mordió el labio e intentó contener las lágrimas. Pero las lágrimas resba