—Yo… —Julieta miró a Hernán—. Lo siento.
Después de un largo rato, dijo con voz ronca:
—Señor Gil, gracias por lo de hoy, pero… realmente no me interesan los hombres.
Al oír sus palabras, Hernán la miró y habló como si estuviera bromeando:
—¿Será que te gustan las mujeres?
—No. —Con las orejas ligeramente rojas, Julieta se apresuró a explicar—: Lo que quiero decir es que no me interesan cosas como enamorarse, así que…
—Entonces, ¿me dices que deje de molestarte? ¿Que deje de aparecer delante de