Los dos se quedaron en silencio por un rato y Julieta frunció los labios.
—Si no tienes nada más que hacer, me voy.
Después de decir esto, se dispuso a rodear a Leandro y marcharse.
Al pasar a su lado, le rozó. Leandro la alcanzó de pronto, la jaló para detenerla y sus ojos oscuros la miraron fijamente. Le dijo en voz baja:
—Samuel te extraña mucho. Durante estos cuatro años ha ido al cementerio a visitarte cada vez que llegaba el día del accidente. ¿No quieres verlo?
El cuerpo de Julieta se est