Durante toda la noche, el corazón de Julieta estuvo agitado, lo que provocó que no conciliara el sueño.
A la mañana siguiente, al verla con cara de cansancio y ojeras, Jared no pudo evitar fruncir el ceño mientras le aconsejaba:
—Hermana, descansa hoy. No salgas.
—Es lunes, tengo que ir a trabajar.
—Hermana, eres una socia, no una trabajadora. No pasa nada si no vas un día.
Julieta apoyó la cabeza y se sentó en la mesa.
—¿Me preparas un café? Hoy tengo que entregar el primer borrador. Me queda