Julieta observó el anillo y se perdió en sus pensamientos.
Era imposible que se equivocara.
Después de cuatro años, todavía podía recordar cada detalle de ese anillo. Porque era el anillo de compromiso que Leandro le había regalado.
Era único en este mundo.
Hernán vio una expresión inusual y preguntó:
—¿Te gusta este anillo? Puedo comprártelo.
—No hace falta.
Julieta forzó una sonrisa y dijo:
—No me gusta.
Ella tenía la sensación de que Leandro también estaba en esta fiesta. De lo contrario, est