Ese aliento le resultaba familiar, muy parecido al de Leandro.
Abrió los ojos, pero tenía la mirada nublada; no veía nada y finalmente se desmayó.
Leandro sostuvo a Julieta en sus brazos. Sus ojos brillaban con un aura asesina.
—¿No quieres vivir?
Natalia también se sobresaltó. Sus piernas estaban débiles y paralizadas en el suelo e intentó de explicar:
—Leandro, no es lo que parece, es que ella...
Pero Leandro no le dio oportunidad de explicarse:
—¡Largo de aquí!
Al ver esto, Natalia tuvo que