¿Quién la llamaba? La voz era familiar, sonaba como Leandro. ¿Pero cómo podría llamarla Leandro? Seguramente solo quería que se muriera.
La mente de Julieta estaba en blanco y lo único que sentía era un caos de voces que llenaban su entorno y que la obligaron a despertarse de su sueño.
De todos modos, aunque se había despertado, no podía abrir los ojos. ¿Sería que había muerto y ahora era un espíritu?
Leandro, si muero, ¿llorarás por mí?
…
De repente alguien gritó:
—¡Está aquí! ¡La he encontrado