Al entrar en ese lugar familiar, Julieta se sintió ligeramente nerviosa. ¿Cuántas veces había estado allí? Sin embargo, esta vez había algo diferente; estaba ahí como una persona libre, no como una prisionera.
Se acercó a los barrotes de hierro y notó que Dalila había perdido el color en tan solo un día.
Vestía la misma ropa de diseñador que tenía cuando se la llevaron, pero estaba desgastada. Estaba despeinada y su maquillaje se había corrido, como si hubiera sido interrogada por la policía s