Después de esas palabras, al otro lado del teléfono reinó el silencio, lo que puso un poco nerviosa a Julieta.
—Ismael, la última vez, en el hospital, dijiste que tú y yo éramos amigos a muerte.
Julieta frunció los labios y dijo con la máxima seriedad:
—Bueno, a mí me importan mucho mis amigos. Si tengo que perder tu vida para obtener mi justa venganza, entonces prefiero no hacerlo. ¿Lo comprendes?
Al fin y al cabo, esta era su guerra contra Dalila. Si tenía que ser una vida por una vida, entonc