Capítulo236
Después de esas palabras, al otro lado del teléfono reinó el silencio, lo que puso un poco nerviosa a Julieta.

—Ismael, la última vez, en el hospital, dijiste que tú y yo éramos amigos a muerte.

Julieta frunció los labios y dijo con la máxima seriedad:

—Bueno, a mí me importan mucho mis amigos. Si tengo que perder tu vida para obtener mi justa venganza, entonces prefiero no hacerlo. ¿Lo comprendes?

Al fin y al cabo, esta era su guerra contra Dalila. Si tenía que ser una vida por una vida, entonc
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