De repente, alguien tocó la puerta.
Julieta pensó que era Leandro que volvía otra vez, así que gritó furiosa:
—¡Vete de aquí! No quiero verte nunca más.
—Julieta, soy yo, Jazmine.
—¿Jazmine?
Julieta se quedó quieta por un segundo. Se secó las lágrimas e hizo todo lo posible por controlarse. Sin embargo, en cuanto abrió la puerta y vio a Jasmine, no pudo contenerse más. La abrazó y lloró histéricamente.
Se sentía impotente; se odiaba a sí misma y se culpaba de todo. Todos esos sentimientos encont