Después de tomarse los analgésicos, Julieta descansó en el hotel durante media hora más antes de poder recuperar el aliento.
Sacó el móvil y vio que Jasmine había llamado nada menos que diez veces.
Aún no había podido recuperar el cuerpo de Camilo y su corazón estaba lleno de odio y dolor, pero no quería que Jasmine se preocupara por ella.
Así que, después de aclararse la garganta, volvió a marcar el número.
—Julieta, ¿dónde estás? ¿Por qué no contestas el teléfono?
—La casa olía mal, he salido