—Leandro, de verdad no toque a Julieta, tienes que creerme…
Dalila abrazó a Leandro, llorando, interponiéndose entre él y Julieta.
—Dalila, primero levántate.
—No, Leandro, si no me crees estaré arrodillada hasta que lo hagas. No es agradable ser agraviada, y ahora Julieta está gritando en el suelo, pero realmente no tengo…
Mientras más hablaba, más desesperada parecía ponerse, como si Dalila realmente no lo hubiera hecho.
—Leandro, tan pronto como volví, Julieta me acusó de contratar a personas