Julieta se había convertido en una especie de marioneta, permaneciendo obedientemente en brazos de Leandro, sin ningún rastro de enojo, a la merced de los demás.
—Julieta, lo que sea que me estés ocultando, ¡lo descubriré tarde o temprano!
Al oír esto, Julieta sintió un pequeño pinchazo en el pecho, pero su expresión estaba en sintonía con sus labios y sonrió:
—¿De verdad? Ojalá que el señor Cisneros lo descubra pronto.
“Antes de que yo muera”, pensó Julieta.
—¿Hasta cuándo seguirás siendo sarcá