Anoche, cuando volvía a la Península, vio a Dalila desmayada en la sala. Su cuerpo estaba cubierto de sangre, por lo que tuvo que llevarla rápidamente al hospital.
Cuando Dalila mejoró un poco ya era medianoche, y él volvió a la cabaña. Quería salvarla, pero...
Al llegar, vio que la cerradura estaba abierta. Había dos rastros de ruedas de automóvil en el suelo y no había nadie adentro. Al llamarla, lo único que le dijo era que lo odiaba. Leandro hizo una mueca y con su puño golpeó fuertemente la