Agustín salió de la oficina de Vanessa con los papeles del divorcio dentro del maletín.
No miró hacia atrás.
No quiso ver si ella seguía parada junto al escritorio, si estaba llorando o pensando una nueva mentira para salvarse. Ya no le importaba.La culpa de verla mal le había servido de freno. Las mentiras de Vanessa, sus silencios, sus lágrimas, sus frases dichas a medias, todo eso lo había mantenido atado a una casa que se caía a pedazos.
Pero ese hombre ya no estaba.
Vanessa había firmad