Nahuel y Emma salieron del liceo con las mochilas colgadas y el cansancio de la mañana pegado a la cara.
Emma miró hacia la calle.
Buscó el auto de su padre entre los coches estacionados.
Nahuel también lo hizo, aunque intentó disimularlo.
Agustín casi siempre llegaba a horario.
Ese día no estaba.
Emma apretó la correa de su mochila.
—¿Papá no vino?
Nahuel miró el celular.
—Capaz está llegando.
Pero tampoco tenía mensaje.Hasta que llegó uno pidiendo disculpas por no llegar.