Eva frenó cerca de la escollera con tanta brusquedad que el cinturón le golpeó el pecho.
No pensaba en otra cosa que no fuera encontrar a Sonia.
Bajó corriendo, con el celular todavía en la mano, y buscó desesperadamente a su alrededor hasta que vio a un hombre arrodillado junto a una chica tendida en el suelo. Él le sostenía la cabeza con cuidado, tratando de evitar que se golpeara contra las piedras.
—¡Sonia! —gritó Eva.
El hombre levantó la vista.
—¿Usted es Eva?
Ella llegó hasta ellos