La ambulancia llegó minutos después.
Los paramédicos bajaron rápido, hicieron preguntas, tomaron signos, revisaron su estado. Eva respondió lo necesario, sin nombrar a nadie donde no hacía falta. Esteban llamó dos veces durante el traslado. La segunda, ya tenía preparado el contacto en una clínica donde podían ingresarla con resguardo y contención psicológica inmediata.
Sonia no soltó la mano de Eva en todo el camino.
A ratos deliraba.
A ratos pedía perdón.
A ratos susurraba frases que