Cuando llegaron a la comisaría, Eva bajó del taxi con María medio dormida contra su cuerpo y Lucas aferrado a la manga de su campera.
No traían nada.
Solo una cartera, dos niños agotados y la urgencia de dejar por escrito que Hernán Del Valle no podía volver a acercarse a ellos como si nada hubiera pasado.
Laura los vio entrar y caminó hacia Eva sin abrazarla de golpe, aunque ganas no le faltaron. La conocía demasiado. Sabía que, cuando una mujer venía de sostenerse durante horas para que sus