Agustín llegó cerca de la casa de Hernán en taxi y no se bajó. Le pagó de más al chofer para que esperara.
Le pidió que avanzara un poco más. Necesitaba poder ver la entrada del complejo y, por suerte, también una parte de la casa de Hernán Del Valle. El taxi se detuvo en una esquina, sin quedar demasiado expuesto. Agustín tenía el cuerpo inclinado hacia adelante, una mano apoyada en el respaldo del asiento delantero y la otra apretando el celular.
Cada segundo parecía más largo que el anter